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¿TODOS SOMOS UNO? LA NO-DUALIDAD, OTRO CONCEPTO 3 de enero de 2016

Posted by franciscobenages in Autoconocimiento.
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hombre y espejoHace tiempo que me viene rondando por la cabeza el escribir sobre el tan manido tema de la dualidad y la no-dualidad. En primer lugar al describir ambos aspectos, nos encontramos con una polaridad. Por una parte somos conscientes de los claroscuros de los acontecimientos, de las paradojas del ser humano en sus vivencias cotidianas, de la ambivalencia de nuestra existencia. Sin embargo, emerge una corriente espiritualista que afirma, sin condiciones, que esa polaridad, ese vínculo pendular entre polos opuestos, simplemente no existe. Y en cierto sentido eso es verdad. En última instancia a un nivel, digamos transpersonal o mega-humano, se disuelve toda esa fantasía de lo uno-lo otro. Incluso deja de existir lo que denominamos el Observador.

Partiendo de la base de que toda búsqueda espiritual tiene su origen en el ego, es fácil llegar a la conclusión de que la mayor parte de todo ese “proceso” se dirime entre ese yo personal e intransferible y los pequeños instantes de vacío existencial (vividos como comunión con el Todo) y que resultan difíciles de explicar, sobre todo porque no tienen ninguna explicación racional y entendible por el ego, el cual trata por todos sus medios de apropiarse de la autoría de esos momentos místicos y de hacerse con el control de esas situaciones, de esos instantes en los que de manera absoluta nos encontramos totalmente “todificados”.

Ahora bien, se ha extendido por al ámbito espiritual el concepto de “Todos somos Uno”. Quizás sea la manera más sencilla de comunicar que en realidad, a un nivel “trans-meta”,  no existe un Yo individual, que todos compartimos el mismo SER, o lo que sea que es eso que queremos explicar con palabras. Pero en el interín nos olvidamos de las trampas del lenguaje de las que se aprovecha el ego. Decir que Todos somos Uno supone acordar que somos muchos, o sea todos, y que esos muchos somos uno, como si estuviésemos realmente empaquetados, mezclados, revueltos, amasados en un heterogéneo agujero negro de personalidades, así el ego se queda tranquilo porque se encuentra reforzado por esos otros egos que forman el Todos.

Así toda la potencia de la frase “Todos somos Uno” se diluye. El Yo soy Tú y Tú eres Yo implícito, queda confinado al reducido lenguaje de la mente, de la que el ego es su señor. Eso nos tranquiliza. Por una parte sigo siendo Yo pero, por otra, soy Uno con el otro. Juegos de palabras que al ego le encantan ya que así no tiene que lidiar con su propia disolución. Tal vez, y digo tal vez, sería mejor desterrar esa frase de la “new-age” y constatar que realmente solo existe la Unidad. Pero claro, es mucho más beatífico decir Todos somos Uno que aseverar que solo existe la Unidad. El ego no entiende eso y se revela. Jeff Foster lo explica de una manera muy sencilla: “La “no-dualidad” es en realidad una traducción de la palabra sánscrita “Advaita”, que significa simplemente “no dos” y apunta a la unidad esencial (totalidad, plenitud, unicidad) de la vida, una totalidad que existe aquí y ahora, antes de cualquier aparente separación. Es una palabra que indica una intimidad, un amor más allá de las palabras, justo en el corazón de la experiencia del momento presente. Es una palabra que nos señala la vuelta a casa. Y a pesar de la apariencia fascinante de la separación y la diversidad sólo hay una esencia universal, una realidad. La unidad es todo lo que hay — y estamos incluidos. Lo que realmente estamos tratando de hacer cuando decimos “no-dualidad” es señalar a la vida como es justo ahora, antes de la aparición de los conceptos y las etiquetas; antes de que el pensamiento cree un mundo de cosas: mesa, silla, mano, pie, miedo, yo, tú, pasado, futuro. ¿Qué es la vida antes del pensamiento? ¿Podemos siquiera hablar de eso? ¿Es posible capturar la no-dualidad en palabras?” La respuesta es No. Pero de algo tenemos que hablar, de filosofar, en esa búsqueda infructuosa de lo intangible.

Otra de las cuestiones a tratar es que cuando solemos decir Todos somos Uno, parece que nos olvidamos, o nuestro buen-ego quiere olvidarse, de todo lo que acontece en el mundo: muerte, guerras, hambre, soledad… Y hemos de concienciarnos que todo eso que ocurre forma parte de la Unidad, está incluido en lo insondable, en la multiplicidad de facetas que la conforman. No vale, pues, negar que todo ello no existe en realidad, que no es más que un sueño. “Eso puede ser cierto desde una perspectiva final, en última instancia, pero nadie puede vivir en ‘última instancia’”.(Foster)

Los negacionistas del ego han encontrado un salvavidas existencial en las enseñanzas advaitas, sin embargo no han entendido ni aprehendido la verdadera dirección hacia donde apuntan. Se han quedado mirando el “dedo que apunta hacia la luna”. Así que el Todos somos Uno se convierte en su dogma y doctrina sin enterarse de lo que verdaderamente significa. Aunque…eso está bien, forma parte de la Unidad, de sus múltiples facetas, de su miríada de expresiones en lo cotidiano. Ahhh!!! Qué placer, qué emoción saber que formo parte de algo más grande que yo. Hasta mi ego está sonriente y contento. Como Buda.

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