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EL TAROT, METALENGUAJE SIMBÓLICO 1 de septiembre de 2014

Posted by franciscobenages in Autoconocimiento, Tarot.
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Los Símbolos son un puente; intermediarios entre una cosa conocida y otra desconocida, nos hablan de otros estados a los que el hombre puede acercarse y llegar a conocer. Con su estudio y la meditación en ellos, nuestra conciencia se expande y cobra dimensiones desconocidas a las que es posible acceder a través de esta vía que es la simbólica.

El mazo de naipes reúne enteramente las posibilidades cosmogónicas, que van desplegándose ante nosotros en la fase inicial del rito, en la cual entramos en comunión con el Tarot. Este “desfile” nos permite recibir los efluvios de todas las cartas y a la vez enviar a ellas los nuestros. Con este cosmos ordenado, valga la redundancia, seguimos un rito en el curso del cual mezclamos las láminas, las letras podríamos decir, con las que luego, con la selección de arcanos que el Tarot nos presenta en cada consulta concreta, trazamos un mandala que es la respuesta a la pregunta y por extensión una síntesis de toda nuestra situación, en vertical y horizontal.

Es tanto lo que contiene el Tarot que podemos sentirnos hasta abrumados y alejarnos de él, o dejarnos llevar por la flojera y posponer un trabajo que puede parecernos excesivo y, efectivamente lo es en el sentido de que supera nuestras posibilidades personales, siempre insuficientes por otro lado. De hecho el principal inconveniente en la práctica del tarot terapéutico, o desde su vertiente psicológica, consiste, precisamente, en que quien consulta lo primero que desea es que sea el propio tarólogo quien le ofrezca las consignas, consejos y soluciones sobre la pregunta que ha hecho. En cierta medida la gran mayoría de las personas que consultan el Tarot lo hacen buscando una respuesta externa a su pregunta, y eso nada tiene que ver con la cultura o posición social de quien consulta, sino con las reminiscencias sociales y culturales implantadas en el inconsciente colectivo que, paradójicamente, ponen en marcha mecanismos que incluso en la sociedad occidental tan tecnificada, todavía se encuentran vigentes: el ritual, la videncia, la profecía… Mecanismos ancestrales que dirigen nuestras vidas sin que tengamos conciencia de ello y que sobreviven gracias a que configuran un metalenguaje simbólico fuertemente arraigado en la psique humana.

Sin embargo, la dinámica de la práctica tarológica reside en el proceso y no en el resultado final obtenido. No se basa ni en la mente conceptual ni en el conocimiento memorístico que se pueda tener de él. Facilita un lenguaje alternativo, libre de defensas verbales (cognitivas y racionalizadas). Trabaja con lo simbólico, con algo que hay detrás, a través de un lenguaje preverbal: la imagen. Es un espacio dinámico, relacional, en el que entra en juego la transferencia hacia la obra y hacia el lector y la contratransferencia. Permite construir una narrativa de recuperación: a través de la propia lectura hay la posibilidad de volverse a “leer”.

El Tarot como metalenguaje simbólico implica una concepción de la lectura como metáfora. Y en el recorrido, el tarólogo trata de acompañar a la persona que sufre hacia una integración de sentimientos, pensamientos, emociones y recuerdos. Virginia Woolf en su libro “Una habitación propia” nos habla de la necesidad del ser humano de encontrar un espacio propio de subjetividad, de expresión singular y de reconocimiento de una existencia. El Tarot facilita la construcción de ese espacio personal y propio donde poder habitar.

Las imágenes expresan un saber condensado (metalenguaje). Hablan a la vez de distintas expresiones, afectos, emociones, símbolos, escenarios, colores, huellas, marcas, ritmos, etc.. Pertenecen a un espacio simbólico y emocional. La experiencia, para que sea terapéutica ha de ser emocional; la comprensión intelectual por sí misma no produce una modificación del estado psíquico, aun cuando debe quedar incluida en tal experiencia emocional.

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