jump to navigation

El Mito de Edipo, de los Griegos a Freud 17 de marzo de 2014

Posted by franciscobenages in Autoconocimiento, Tarot.
Tags: , , , , , ,
add a comment

La formulación freudiana sobre el Edipo, temática central en la teoría psicoanalítica, plantea lo que en su época significó una verdadera revolución: el deseo amoroso hacia el progenitor del sexo opuesto y el deseo hostil hacia el progenitor del mismo sexo, deseo hostil que culmina con el deseo de muerte, tal como lo formulara inicialmente, hasta llegar a una teorización más compleja en la que plantea los deseos incestuosos y hostiles hacia ambos progenitores: complejo de Edipo y complejo de castración.

En Freud, el Complejo de Edipo designa la primera pulsión sexual que el niño o la niña experimentan inconscientemente para con su progenitor del sexo opuesto y el deseo, también inconsciente, de eliminar a su progenitor del mismo sexo. A estos sentimientos de “amor incestuoso” y posterior “parricidio” (que se dan en los niños de 3 a 6 años), Freud los intenta relacionar con la tragedia escrita por Sófocles, dónde se especifica el funesto destino de Edipo que ya conocemos. Dicho Complejo se termina con el período de Castración, en dónde el padre (en el caso de los niños) le ordena a su hijo que se busque otra mujer porque su madre ya es de su propiedad.

En este contexto Freud, como sus seguidores psicoanalistas, mantuvo la historia de Edipo dentro de un ámbito donde la sexualidad tomaba particular relevancia.

Pero si profundizamos en la historia de Edipo comprobaremos como el objetivo final, la moraleja, la enseñanza que nos quería manifestar, no se resumía en las conclusiones a las que llegó Freud, sino que indagaba más allá de la mera pulsión sexual. Pero primero echemos un somero vistazo al mito en sí:

Edipo era hijo de Layo, rey de Tebas, y de Yocasta. En una ocasión en que Tebas estaba atravesando un periodo de penurias y enfermedades, Layo fue a consultar al Oráculo para que le diese una solución, sin embargo Pythia, la sacerdotisa del Oráculo de Apolo en Delfos le vaticinó que moriría a manos de su hijo y que éste se casaría, entonces, con Yocasta, su esposa. Layo tras los primeros momentos de ofuscación tras escuchar el veredicto de Pythia, se tranquilizó pues él era homosexual y estaba enamorado de un efebo, no teniendo relaciones sexuales con su mujer. Sin embargo en una fiesta unos amigos suyos le emborracharon y le hicieron creer que le llevaban junto a su amado cuando en realidad lo dejaron en su casa, junto a Yocasta y lo que vino después es fácil de adivinar. 9 meses después nació Edipo y, evidentemente Layo y Yocasta, de mutuo acuerdo, tomaron la triste decisión de deshacerse del infante y ordenaron a un sirviente del reino que llevase al niño a un descampado y lo asesinase, y para asegurarse de que cumplía su misión le ordenaron que les trajese el corazón del pequeño.(Una breve digresión, el Oráculo generalmente nunca contestaba sobre las preguntas que se le hacían, de hecho Layo fue a preguntar sobre lo que debería hacer en Tebas ya que la peste estaba matando a muchas personas, sin embargo el Oráculo le contestó sobre algo importante en su vida). En consecuencia, el asistente emprendió su viaje con la criatura, pero llegado el momento de darle muerte, se enterneció y sólo atinó a dejarlo abandonado colgado por un pie en un árbol y matando a un cervatillo, cuyo corazón sería el que entregaría a Layo y Yocasta (Podemos ver aquí la semejanza entre este mito y el cuento de Blancanieves). Más tarde, un pastor que pasaba por allí al haber extraviado a una de sus ovejas, oyó el llanto del niño y descubrió el inesperado regalo. El hombre lo llevó a su reino de Corinto y entregó el bebé a los reyes, Pólibo y Mérope, quienes al ver las ronchas que tenía en sus pies lo llamaron Edipo, que significa “el de pies hinchados” y lo adoptaron. (Un buen ejemplo de que, psicológicamente, los problemas en los pies nos sugieren algún tipo de sentimiento de abandono, incluso nos introduce en el tema de la adopción, tal y como nos enseña El Colgado del Tarot).

La verdad es que Edipo adquirió un amor extremo por sus padres adoptivos y creció sin saber su verdadera identidad. La felicidad que había encontrado pronto cambió abruptamente cuando el Oráculo le reveló su trágico destino (que mataría a su padre y se casaría con su madre). Apesadumbrado, decidió fugarse del reino de Corinto para evitar semejante crimen, sin saber que en su afán de huir de él, no hacía más que acercarse a su desgracia.(Quien intenta huir de su destino, no hace más que precipitarse hacia él). En efecto, en su camino se encontró en una encrucijada con varios hombres bien vestidos que venían a caballo. Uno de ellos le exigió de mala manera que cediera el paso y, ante la negativa de Edipo, mató a su caballo. Nuestro héroe, inflamado de ira, asesinó en la trifulca a tres de ellos y también al que parecía el jefe de ellos, sin saber que éste último era Layo, el rey de Tebas y su padre.(Uno de los plebeyos pudo escapar, lógico porque si no hubiese sido así la historia no podría haber sido contada más tarde)

Edipo prosiguió su camino, en el que se encontró con la Esfinge, un monstruo con cuerpo de león, cara de mujer y alas de águila. El engendro lapidaba a todo aquél que no respondía correctamente a su acertijo, lo que mantenía afligidos y atemorizados a los tebanos. Para poder avanzar, Edipo se vio obligado a enfrentarla y aceptó el reto. De esta manera, ante la pregunta de: ¿Cuál es el ser que tiene voz y por la mañana camina en cuatro patas, al mediodía en dos y en la noche en tres?, respondió resueltamente: el hombre, que en su primera etapa se traslada gateando, en la segunda caminando normalmente y en la tercera ayudado por un bastón.(De hecho lo que La Esfinge hizo fue advertir a Edipo:  “Ahora que caminas en tus dos piernas, que tus pies pisan firme la tierra en que has de reinar, recuerda tu invalidez del inicio, cuando en cuatro apoyos te movías torpemente; anticipa la fragilidad que te hará reclamar el bastón piadoso de un hijo cuando precises que en la vejez te sostenga”. Esto nos lleva a considerar que la solución al enigma no es decir: es el Hombre y ya está, sino que hay algo mucho más profundo guardado en su interior que pasaba inadvertido a los profanos y es que para llegar a la conclusión ya había algún camino previo recorrido y es reconocer la pregunta fundamental, que siempre se ha hecho todo ser humano. ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿A dónde voy?) La Esfinge, ofuscada y furiosa, no cumplió con su promesa y sometió a Edipo a otra adivinanza: “Son ellas hermanas pero una engendra a la otra y al mismo tiempo es engendrada por la primera. ¿De quién se trata?”, le inquirió. Edipo, sin dudar, respondió de forma acertada que se trataba del día y de la noche, con lo cual la Esfinge, burlada y humillada, se lanzó de un monte, dándose muerte.(Aquí vemos también como el encuentro entre Edipo y la Esfinge podría relacionarse con el encuentro con la “mala madre, la madre bruja” y tal como indica Sallie Nichols en su libro Jung y el Tarot: El significado de la confrontación del héroe con la madre negativa que tan claramente se nos sugiere en la cima de la Rueda de la Fortuna, podemos estudiarlo y aclararlo a través del estudio del simbolismo de la historia de Edipo tal como lo hace Marie Louise von Franz en su libro El problema del Puer Aeternus (El problema del niño eterno). Allí nos explica que, aunque Edipo resolvió con éxito la pregunta propuesta por la Esfinge, no por eso redimió su naturaleza instintiva del poder de la misma. Por el contrario, quedó atrapado entre las garras del cruel destino al igual que cualquiera de los desesperados animales que giran en la rueda de su comportamiento instintivo y predestinado. De hecho, mató a su padre y se unió a su madre, cumpliendo así su destino como se había profetizado. El resultado psicológico fue igualmente fatal. Al matar a su padre (símbolo de orden masculino dominante) y casarse con su madre la reina Yocasta (símbolo del principio legislador femenino), Edipo se identificó con el símbolo femenino, enterrando su masculinidad en el vientre de la Gran Madre”).

 

Al enterarse los tebanos de la muerte del horrendo animal, agasajaron a Edipo por liberarlos del mal que había aquejado a varias generaciones, nombrándolo rey y cediéndole como esposa a Yocasta. Creonte, hermano de Yocasta, había prometido la mano de su hermana, ahora viuda, a aquel que los librara de la maldición de la Esfinge, junto con el trono del reino, que él regentaba desde la muerte de Layo. Y así fue como se cumplió la segunda parte de la profecía, el yacer junto a la madre, pues Yocasta fue uno de los premios para Edipo. En feliz ignorancia del pecado transcurrieron algunos años buenos para Tebas. Edipo era un rey querido y admirado por sus hazañas heroicas y su buen juicio administrador. El matrimonio tuvo dos hijos, Eteocles y Polinices, y dos hijas, Antígona e Ismene, aunque otra versión, sin obviar el matrimonio incestuoso, hace que sin embargo los hijos los tenga con otra mujer. (Desde la perspectiva de Jung, podríamos decir que en el plano mitológico, el ayuntamiento de Edipo con su madre no es un grave error ya que remite su figura hasta la orbe olímpica, pues lo premia cumpliendo con una prerrogativa faraónica, divina. En ese incesto queda constancia del acercamiento del héroe a su inconsciente y, con ello, de la proximidad a su Sí mismo y última meta vital. También observamos cómo Edipo sustituye a su padre y se convierte en marido de su madre, esta sustitución la encontramos en muchas ocasiones en las sesiones de terapia; la madre, en ausencia del padre, sea literal o no, “convence” al hijo para que adopte un rol que no le pertenece por edad, así le obliga a hacerse adulto antes de tiempo. Ello conlleva muchos peligros dado que en estas situaciones cuando el hijo, ciertamente, debe emanciparse no encuentra ninguna mujer que esté a la altura de su madre con los consiguientes perjuicios para su vida relacional y al carecer de un patrón paterno, no sabe cómo comportarse con el sexo opuesto). Sin embargo, los males para los tebanos no terminarían allí, ya que al poco tiempo una peste atacó a la ciudad y provocó innumerables muertes. Consultado el adivino Tiresias (un viejo hombre sabio que antes había sido mujer), el anciano respondió que los males no se irían de Tebas hasta que no se descubriera al autor del asesinato de Layo. Fue así como el rey Edipo inició una investigación, prometiendo que al autor se le dictaría la pena del destierro. La indagación fue avanzando y avanzando, hasta que finalmente se descubrió que el verdugo era, ciertamente, el propio Edipo. Los tebanos no podían salir de su asombro pero lo peor estaba por venir: Tiresias, al ver el cadáver de Layo y el rostro de Edipo, reveló que éste era hijo del difunto rey y que se había casado con su madre. Edipo recordó en ese instante lo que había predicho el Oráculo y se aguijoneó los ojos por su aciago destino, quedando ciego. Por su parte, Yocasta se suicidó estrangulándose, presa de la locura. (La imagen de un Edipo ciego pero que ya es capaz de ver lo que antes estaba oculto, y es sabio y sabe muchas cosas de sí mismo y del mundo, nos remite a la consecución de la asimilación de un amplio sector de su Sí mismo para esta segunda mitad de su vida que estaba antes perfectamente representado por el anciano Tiresias).

Bien, lo que nos trata de mostrar este mito, más allá de las conclusiones psicoanalíticas a las que llegó Freud, es que el peor pecado que se puede perpetrar no es, en este caso, el de cometer incesto, sino el de actuar SIN CONCIENCIA. Edipo no sabía que Layo era su padre ni de que Yocasta era su madre por ello actuó sin saber realmente qué era lo que estaba haciendo. Esta premisa, el de actuar con/sin conciencia, lo veremos repetido en otros mitos y leyendas, por ello es tan importante, en el trabajo psicoanalítico, ir al fondo de la cuestión y hacer consciente aquello que realmente se vislumbra como origen de los conflictos. Por otra parte el mito de Edipo alumbra la búsqueda del padre o, más bien, del principio paterno que, una vez descubierto, puede contemplarse que en él se perpetró (como resultado simétrico de un crimen anterior) un asesinato ritual, el crimen sobre el que se funda precisamente la individualidad, pues algo viejo debe morir para que algo nuevo fructifique. Otra vez aparece el principio de: sacrificio-muerte-redención, que en el Tarot contemplamos en la serie de Arcanos Mayores: El Colgado-Arcano XIII-Templanza.

Anuncios